Cádiz en Moto

Contradiciendo los negativos partes meteorológicos, el domingo 16 de febrero se presentó soleado y despejado, sin apenas viento. En definitiva, un domingo típico de ruta. Como se nos pegaron un poco las sábanas decidimos hacer una ruta de tarde, ahora que el sol ya aguanta sin ponerse hasta pasadas las 19:00.

Salimos de Cádiz hacia Pto. Real, cogimos la carretera de Paterna y de ahí a Alcalá, desde donde seguimos rumbo al famoso puerto de montaña de Puerto de Gáliz. En el cruce antes de llegar tomamos dirección a Los Hurones.

En el término municipal de Algar se encuentra el embalse de Los Hurones, que es pieza fundamental para abastecer de agua a multitud de municipios de la provincia de Cádiz.

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Se puede subir a lo alto de la presa por la sinuosa carretera aledaña. Eso sí, a pie.

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Desde lo alto de la presa las vistas son preciosas. Se puede ver el pueblo que se edificó junto a la presa para alojar a los obreros cuando la construyeron. Lamentablemente toda esa urbanización está hoy en día en desuso, aunque la Junta busca formas de abrir al público el poblado.

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El embalse sigue mucho más allá de donde llega la vista, colindando al este con Ubrique y al norte con El Bosque.

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Mención especial a la venta El Pantano, a los pies de la presa, que a pesar de lo apartado del lugar siempre está abierta y con buenos precios. Además hacen sus propios molletes.

A la vuelta hicimos una visita fugaz a Algar, al que tendremos que volver de forma oficial, y por el camino nos paramos para hacer una foto al embalse de Gaudalcacín.

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Y de regreso, según se iba haciendo de noche, se nos presentó de repente esta postal de Arcos de la Frontera de noche, precioso paisaje.

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Ya estuvimos en Chipiona, aunque fue una visita muy breve (que podéis leer aquí). En esta ocasión volvimos a Chipiona con varios puntos de interés en mente. Lo primero que hicimos fue acercarnos al faro de Chipiona, que ya vimos la otra vez, aunque de noche. Intentamos visitar el interior, pero estaba cerrado. Al parecer hacen visitas guiadas y tienen una ruta histórica dentro.

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Por detrás del faro sigue el paseo marítimo, en la parte derecha ya se puede ver de lejos las arenosas aguas de la desembocadura del Guadalquivir.

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Tras eso, pasamos por el Monumento de la Luz, que se encuentra al pie de la playa. Con la playa y el paseo marítimo desiertos, el monumento luce poco, pero seguro que en verano tiene mucha más vida — como el resto de la localidad.

De camino al siguiente punto de interés paramos en la plaza de Andalucía para hacer una foto a uno de los edificios del Ayuntamiento (o eso creo que era).

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La siguiente parada la hicimos en el principal monumento de la localidad a la memoria de la cantante Rocío Jurado, natural de esta tierra. Los restos de la artista yacen en un mausoleo en el cementerio de la localidad. La figura de la foto se encuentra en el extremo de la avenida que lleva su nombre, a la entrada del puerto deportivo.

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Volvimos sobre nuestros pasos hasta llegar al precioso castillo de Chipiona, asentado sobre una roca a los pies de la playa. Ahora, restaurado, hace las funciones de centro de interpretación del municipio (sí, ya no hay oficinas de turismo, hay centros de interpretación. Más info aquí). Allí nos dieron un mapa de la ciudad y nos indicaron los principales puntos de interés.

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Como vimos que ya habíamos visitado lo principal, decidimos partir hacia Sanlúcar. Había estado en Sanlúcar en anteriores ocasiones, pero fue hace bastantes años e iba con la familia, sin saber realmente donde estaba en cada momento. Lo cierto es que al llegar reconocimos rápidamente la Calzada de la Duquesa, el paseo más emblemático de la ciudad.

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Con la hora que era, antes de turistear decidimos buscar algo de manger y acabamos comiendo en la Taberna Juan, en la Plaza del Cabildo.

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Tras eso empezó el callejeo, dirigiéndonos hacia la zona de los castillos y palacios de la ciudad.

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Subimos por la calle Bretones, donde nos encontramos con el mercado de Abastos junto con Las Covachas, una antigua lonja de estilo gótico, y un pelín más arriba el auditorio de La Merced.

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Seguimos subiendo por la cuesta de Belén hasta llegar al antiguo Palacio de Orleáns-Borbón, del siglo XIX y estilo neomudéjar, que cuenta con una frondosa arboleda en su interior.

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Muy cerca se encuentra la plaza de Condes de Niebla, el Palacio Ducal de Medina Sidonia y la Iglesia Mayor de la Señora de la O (en la foto).

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Por supuesto, siempre debe haber gatos, gatos everywhere.

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Seguimos subiendo la calle y empezamos a encontrar un montón de bodegas, muchas de ellas con horarios de visita al público, y un poco después damos con el imponente y majestuoso Castillo de Santiago.

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Después de rodearlo decidimos empezar a bajar de nuevo en dirección a la Calzada de la Duquesa, donde teníamos aparcada la moto. Desde ahí, seguimos la línea de la costa norte hasta llegar al barrio de Bajo de Guía, pasando por la avenida del mismo nombre, en la que encontramos un montón de chalets de alto standing que parecían pequeños palacios. La zona es conocida por ser el lugar por donde los peregrinos cruzan el Guadalquivir en barcaza hacia Doñana camino del Rocío.

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Intentar salir de Sanlúcar fue una hazaña. Dimos un par de vueltas por la ciudad, una de ellas nos llevó hasta la colina sobre la plaza de Toros, desde la que hice esta panorámica.

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Luego, pensando en que si iba lo suficiente al norte llegaría a alguna clase de carretera que conectase con Trebujena, cruzamos las pedanías de Bonanza y La Algaida (cuyas carreteras están llenas de badenes) hasta llegar a la entrada del parque de Doñana. Si llevase un 4×4 bien, pero con la moto no pensaba meterme en terrenos inhóspitos sin saber dónde acabaría y si realmente tendría salida, así que dimos la vuelta hacia el centro urbano. De vuelta en la civilización, ya sí, tomamos carretera y manta dirección Jerez, donde tomamos un tentepie helado en Area Sur, y finalmente de vuelta a Cádiz ligerito por la AP4.

Hace tiempo que llevo buscando un reemplazo para la bandolera que suelo llevar todos los días, y como en Ubrique tienen mucha tradición en marroquinería decidimos ir allí para ver qué encontrábamos y de paso hacer la visita.

30 de enero, salimos de Cádiz y tomamos la autopista AP4 hasta la salida de Jerez sur, donde enlazamos con la CA-3110 y sucesivas carreteras de la red provincial, primero hacia el este y luego hacia el norte, cruzando algunas de las barriadas y pedanías de Jerez, como Rajamancera o La Barca de la Florida. Al final desembocamos en Junta de los Ríos, una pedanía de Arcos, y desayunamos en la Venta Junta de los Ríos. Por 3.80€ dos molletes, un colacao y un zumo de naranja natural (¡y coladito!). Muy recomendable.

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Tras desayunar tuvimos que lidiar con un caso digno de Cuarto Milenio, porque la brújula dejó de funcionar. Si la quitaba del manillar marcaba bien el norte, pero al colocarla en el manillar se quedaba fija, como si hubiera un imán cerca… Raro. Tuve que pasar de la brújula el resto del viaje.

Salimos hacia el norte dirección Arcos y, al llegar, hacia el este por la A-372 hasta El Bosque, donde giramos hacia el sur hasta llegar a Ubrique. Creo que no me equivoco cuando digo que la bajada hacia Ubrique llegando desde el norte es una de las vistas más bonitas que me he encontrado hasta ahora en mi corto currículum de rutas moteras por la provincia.

Lo primero que hicimos al llegar fue ir a la oficina de Turismo, en una de las avenidas principales de la localidad. Allí nos dieron un mapa y nos indicaron algunos puntos de interés.

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Una de las cosas que me llamó la atención es que el río Ubrique cruza toda la población, y es posible verlo entre algunas calles, con un caudal considerable. En verano seguro que más de uno ha sentido la tentación de lanzarse al río con un donut inflable y cruzar así toda la ciudad.

Antes de empezar a turistear estuvimos indagando en las tiendas de piel de la zona más comercial: la avenida Dr. Solís Pascual y la perpendicular a ésta, la avenida de España. Esperaba que, entre las rebajas y la cantidad de tiendas de piel que había, pudiese encontrar algún bolso bandolera que se ajustase a lo que buscaba, pero lo cierto es que no di con ningún modelo que tuviera las tres B. La mayoría de cosas estaban orientadas al público femenino, de hombre encontré poquillo. Además los dependientes me comentaron que la fecha era mala, porque tras las navidades y estando ya a mediados/final de rebajas, el estocaje era escaso. Pero bueno, dichoso el dinero que a casa vuelve.

Muy cerca de la oficina de turismo encontramos el edificio del ayuntamiento y, en la misma plaza, la parroquia de Nuestra Señora de la O.

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Siguiendo dirección norte llegamos a lo que antiguamente fue el Convento de Capuchinos de Ubrique, que actualmente alberga el Museo de la Piel. Lamentablemente cerraba a las 14:00 y llegamos tarde.

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Justo al lado del convento quedan los restos de unas antiguas casas y lo que parece ser la llegada del río a la ciudad.

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En el mapa que nos dieron en la oficina de Turismo nos indicaron una ruta de miradores de la ciudad. Al este se encuentra el mirador de la Ermita del Calvario… El nombre se ajusta a lo que sufrimos intentando llegar hasta arriba, al final desistimos y nos contentamos con hacer una panorámica desde este punto.

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Bajamos de nuevo hacia el pueblo y nos dirigimos de nuevo a la zona de las avenidas principales. Nos recomendaron varios sitios de tapas y, tras mirar un poco nos quedamos en el Bar Cristina, que parece que es bastante popular en cuanto a tapas. El almuerzo estuvo bien.

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Pasadas las cuatro de la tarde salimos de Ubrique por la entrada norte, no sin antes pararnos en el mirador Los Olivares, donde hicimos otra panorámica.

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Y sí, esa que veis en la siguiente foto es la Ermita del Calvario que comenté antes… Algún día conseguiremos subir!

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Para no volvernos tan pronto decidimos hacer una visita a un lugar fantasmagórico… los restos de un edificio abandonado en la carretera entre Benaocaz y Villaluenga… el inacabado Hotel Agua Nueva.

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Un emplazamiento envidiable para un proyecto de altos vuelos que al final no despegó. Podéis leer la interesante historia del hotel en este blog.

Para despedirnos del hotel, una panorámica desde la parte trasera, con una esquinita de la piscina olímpica.

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Tras esto, nos montamos en la burra y nos fuimos por donde vinimos.

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¡Hasta la próxima salida!